La puerta, que se había oxidado con el paso del tiempo, chirrió cuando se abrió lentamente, como amiga de la noche que en ese momento caía sobre Pueblo Laguna, fría y solitaria. Así, con motivo de la obsolescencia de la puerta, la figura negra que entró por ella se cortó y pronto la sangre comenzó a emanar de su dedo a través del guante que le abrigaba sus manos.
Caminó el paseo empedrado que había hasta llegar a la casa de la familia Wilson, únicamente iluminada por una vaga luz que provenía del amplio salón, a la vista de todo el pueblo por sus grandes ventanas. Seguidamente, al final de la oscuridad bailaban otras luces más claras, y es que provenían de los faroles de la piscina que tenían los Wilson en el jardín trasero.
Cuando llegó a la casa, la figura negra observó por una de las grandes ventanas y vio a la hija pequeña de la familia, la preciosa Lyn Wilson, caminar por el salón en dirección al jardín quitándose la fina bata blanca que le cubría su pulcro y fino cuerpo. Después, se recogió su larga melena negra en un moño y bajó los primeros escalones de su piscina. Finalmente, se hundió en el agua, dándole la oportunidad a la figura negra de entrar en su casa.
Mientras le daba la espalda en el agua, rodeó la casa y entró por la misma puerta que había salido Lyn. Luego cerró la puerta sin hacer ruido y recogió la prenda que había tirado la joven; se aproximó al equipo de música, introdujo un CD negro y dejó una diminuta cámara sobre el aparato. Seguidamente, se encerró en una habitación oculta que guardaba tres pantallas de ordenador, las cuales proyectaban lo que las cámaras de las casas captaban. De esa manera, canceló las grabaciones, pero aquello no le permitió ver los pasos de Lyn, quien seguía relajándose en la piscina.
-Que empiece el juego -dijo. Apretó el botón de un pequeño mando y en la casa comenzó a reinar la canción Twisted Nerved.
A través de las pantallas vio el brusco movimiento de la joven en la piscina, que se había girado alarmada al escuchar la melodía. Salió lentamente del agua, con pasos suaves y asustada.
-¿Alan?
Pero no obtuvo respuesta.
-Eso es, preciosa. Entra en la casa...
Cuando lo hizo, la figura negra apretó otro botón y todas las puertas y ventanas se cerraron automáticamente, con un fuerte candado y una pared de metal que descendía para blindar las entradas y evitar que los malhechores entrasen. Lyn pensó que era cuestión de seguridad y, aparentemente, se tranquilizó, pero lo que desconocía era que ya había alguien dentro.
Acababa de ser encerrada en su propia jaula con el más feroz de los leones.
Ella pronto se dio cuenta de que su bata había desaparecido, lo que la hizo alarmarse de nuevo. Abrió un ropero cerca de allí y se vistió de nuevo; luego cogió el teléfono e intentó llamar a alguien, pero la línea había sido cortada y solo se escuchaba la canción que había en la casa, así que se dirigió al equipo de música para intentar apagarlo. Sin éxito. La melodía no cesaba y cada vez se estaba asustando más, por lo que decidió acabar el problema de raíz y lo desconectó de la red eléctrica. Sin embargo, aquel fue su mayor error: como si se lo hubiera llevado el cable, la luz desapareció de toda la casa. Ya solo había silencio, únicamente se escuchaba la respiración asustada de Wilson.
-Jodida seguridad de mierda -criticó la chica.
-Hora de divertirse.
La figura encapuchada negra salió de su escondite para ocultarse en la oscuridad de la sala. Anteriormente, se había colocado unas gafas de visión nocturna para, llegada esa situación, poder ver a Lyn. Ella buscaba algo entre la oscuridad, sin saber el qué. No obstante, inmediatamente recibió un mensaje en su móvil, el cual se iluminó en la oscuridad y Lyn pudo localizarlo.
Lo que había recibido no fue casualidad, pues se trataba de un vídeo grabado segundos antes tras ella. El asaltante vio cómo se giraba sobre sí misma para intentar ver de dónde provenía el objetivo, pero no vio nada.
-¿Quién está ahí?
Al acabar, la luz se encendió de nuevo, pero la figura negra había vuelto a ocultarse. Esta vez, a simple vista. Lyn recibió otro mensaje que rezaba:
-¡Maldita puta! ¡Audrey, juro que te voy a matar! -gritaba a la noche silenciosa- Sal de tu escondite, asquerosa perra. ¡Da la cara!
Y frente a ella, cayendo del árbol y agarrado con una soga, apareció un maniquí de goma vestido con la bata que había dejado caer antes de salir al jardín. Con el impulso de la caída, la cabeza se había separado del cuerpo y se produjo una explosión de confeti.
-Pero ¿qué demonios...?
Se acercó a la cabeza y leyó su nombre en ella. Tiró de la cuerda y consiguió descolgarla; luego, buscando algo lógico que encontrar, descubrió que había algo dentro de ella, así que la abrió y dejó caer los diez dedos que alguien había escondido ahí. En cada uno de ellos había una letra y, siguiendo el orden lógico de colocación de los dedos, se podía leer un mensaje:
NORSILL NOWUE
Caminó el paseo empedrado que había hasta llegar a la casa de la familia Wilson, únicamente iluminada por una vaga luz que provenía del amplio salón, a la vista de todo el pueblo por sus grandes ventanas. Seguidamente, al final de la oscuridad bailaban otras luces más claras, y es que provenían de los faroles de la piscina que tenían los Wilson en el jardín trasero.
Cuando llegó a la casa, la figura negra observó por una de las grandes ventanas y vio a la hija pequeña de la familia, la preciosa Lyn Wilson, caminar por el salón en dirección al jardín quitándose la fina bata blanca que le cubría su pulcro y fino cuerpo. Después, se recogió su larga melena negra en un moño y bajó los primeros escalones de su piscina. Finalmente, se hundió en el agua, dándole la oportunidad a la figura negra de entrar en su casa.
Mientras le daba la espalda en el agua, rodeó la casa y entró por la misma puerta que había salido Lyn. Luego cerró la puerta sin hacer ruido y recogió la prenda que había tirado la joven; se aproximó al equipo de música, introdujo un CD negro y dejó una diminuta cámara sobre el aparato. Seguidamente, se encerró en una habitación oculta que guardaba tres pantallas de ordenador, las cuales proyectaban lo que las cámaras de las casas captaban. De esa manera, canceló las grabaciones, pero aquello no le permitió ver los pasos de Lyn, quien seguía relajándose en la piscina.
-Que empiece el juego -dijo. Apretó el botón de un pequeño mando y en la casa comenzó a reinar la canción Twisted Nerved.
A través de las pantallas vio el brusco movimiento de la joven en la piscina, que se había girado alarmada al escuchar la melodía. Salió lentamente del agua, con pasos suaves y asustada.
-¿Alan?
Pero no obtuvo respuesta.
-Eso es, preciosa. Entra en la casa...
Cuando lo hizo, la figura negra apretó otro botón y todas las puertas y ventanas se cerraron automáticamente, con un fuerte candado y una pared de metal que descendía para blindar las entradas y evitar que los malhechores entrasen. Lyn pensó que era cuestión de seguridad y, aparentemente, se tranquilizó, pero lo que desconocía era que ya había alguien dentro.
Acababa de ser encerrada en su propia jaula con el más feroz de los leones.
Ella pronto se dio cuenta de que su bata había desaparecido, lo que la hizo alarmarse de nuevo. Abrió un ropero cerca de allí y se vistió de nuevo; luego cogió el teléfono e intentó llamar a alguien, pero la línea había sido cortada y solo se escuchaba la canción que había en la casa, así que se dirigió al equipo de música para intentar apagarlo. Sin éxito. La melodía no cesaba y cada vez se estaba asustando más, por lo que decidió acabar el problema de raíz y lo desconectó de la red eléctrica. Sin embargo, aquel fue su mayor error: como si se lo hubiera llevado el cable, la luz desapareció de toda la casa. Ya solo había silencio, únicamente se escuchaba la respiración asustada de Wilson.
-Jodida seguridad de mierda -criticó la chica.
-Hora de divertirse.
La figura encapuchada negra salió de su escondite para ocultarse en la oscuridad de la sala. Anteriormente, se había colocado unas gafas de visión nocturna para, llegada esa situación, poder ver a Lyn. Ella buscaba algo entre la oscuridad, sin saber el qué. No obstante, inmediatamente recibió un mensaje en su móvil, el cual se iluminó en la oscuridad y Lyn pudo localizarlo.
Lo que había recibido no fue casualidad, pues se trataba de un vídeo grabado segundos antes tras ella. El asaltante vio cómo se giraba sobre sí misma para intentar ver de dónde provenía el objetivo, pero no vio nada.
-¿Quién está ahí?
Al acabar, la luz se encendió de nuevo, pero la figura negra había vuelto a ocultarse. Esta vez, a simple vista. Lyn recibió otro mensaje que rezaba:
¿Qué se siente
al ser la protagonista
del espectáculo?
Al final del mensaje, como se pudo apreciar, había un icono que simbolizaba la sombra de algún objeto.
Al regresar la electricidad, las puertas blindadas, las ventanas y las puertas de la calle se desbloquearon. ¿Dónde estaba ahora la figura negra? Había desaparecido. Había encontrado un nuevo escondite.
De aquella manera, Lyn abrió la puerta principal y miró a fuera, pero no vio nada: solo oscuridad.
¿Te gusta ser la reina?
Yo seré quien te traicione.
-¡Maldita puta! ¡Audrey, juro que te voy a matar! -gritaba a la noche silenciosa- Sal de tu escondite, asquerosa perra. ¡Da la cara!
No soy Audrey.
Soy tu peor pesadilla.
Y frente a ella, cayendo del árbol y agarrado con una soga, apareció un maniquí de goma vestido con la bata que había dejado caer antes de salir al jardín. Con el impulso de la caída, la cabeza se había separado del cuerpo y se produjo una explosión de confeti.
-Pero ¿qué demonios...?
Se acercó a la cabeza y leyó su nombre en ella. Tiró de la cuerda y consiguió descolgarla; luego, buscando algo lógico que encontrar, descubrió que había algo dentro de ella, así que la abrió y dejó caer los diez dedos que alguien había escondido ahí. En cada uno de ellos había una letra y, siguiendo el orden lógico de colocación de los dedos, se podía leer un mensaje:
NORSILL NOWUE
Volvió a entrar en la casa corriendo y ahogando un grito, pero se encontró con la figura negra esperándola. Cuando quiso salir de la casa, la puerta se bloqueó de nuevo; así, como alternativa, corrió por el pasillo que tenía a su izquierda e intentó huir subiendo al piso superior, encerrándose en su habitación. Allí, se fijó en que había sido desordenada por un huracán y alguien había pintado su habitación con un mensaje del mismo emisor:
¿Me echabas de menos?
Yo a ti no.
Vengo a matarte.
Asustada, gritó con el aire de sus pulmones y salió de la sala, pero ya era demasiado tarde. El autor de los mensajes la agarró del pelo y golpeó su cabeza contra la barandilla de las escaleras dos veces, y después, con la misma fuerza, la lanzó por encima de ellas hasta aterrizar sobre la mesa de cristal del piso inferior. Cayó con un golpe seco, pero seguía viva, tal y como esperaba. Hizo un amago de incorporarse sobre los cristales rotos, pero el encapuchado, en el mismo lugar desde el que la había lanzado, atinó con su cuchillo en la mano de la joven, que aulló de dolor. Ella, por instinto de supervivencia, intentó quitárselo a medida que el atacante bajaba por las escaleras. Cuando lo consiguió, ella se alzó y zarandeó varias veces el arma frente a su enemigo, sin llegar a herirle en el intento. Así, la figura negra la desarmó y empujó su cabeza contra el canto de la pared. Reptando por el suelo y dejando una hilera de sangre tras ella, llegó un nuevo mensaje a su móvil mientras una estruendosa música de rock estalló por toda la casa.
Vayamos por partes.
Como Jack
el Destripador.
Hizo un intento de levantarse nuevamente, pero de nada la sirvió, pues la figura alzó el filo y, de un tajo, cortó los tendones traseros de sus tobillos. Como no podía caminar, el asaltante volteó su cuerpo y apoyó su pie en la garganta de Lyn. Inmediatamente, ella empezó a llorar.
-¡Socorro! ¡Ayuda, por favor!
La figura alzó su cuerpo con las dos manos y volvió a lanzarlo al final de la sala, donde había un espejo que se fragmentó tras el choque. Intentó incorporarse, pero varios fragmentos rotos de cristal se habían pegado a su cuerpo y la hicieron caer de nuevo.
-Por favor..., no lo hagas -suplicó llorando.
La figura alzó su cuerpo con las dos manos y volvió a lanzarlo al final de la sala, donde había un espejo que se fragmentó tras el choque. Intentó incorporarse, pero varios fragmentos rotos de cristal se habían pegado a su cuerpo y la hicieron caer de nuevo.
-Por favor..., no lo hagas -suplicó llorando.
Con esta última palabra en su boca, el atacante agarró su lengua y se la cortó con el mismo cuchillo que la había dejado sin tendones. La sangre brotó y empapó todo el suelo. Lo único que se escuchaba eran sus gruñidos y el caer de sus lágrimas.
-Nadie te escuchará gritar cuando estés en el infierno, puta.
Así, ella siguió escupiendo sangre y llorando, esperando su muerte rápida. Pero la figura no estaba dispuesta a no hacerla sufrir.
-No te preocupes, Lyn. Tus secretos están a salvo conmigo -y se llevo su dedo índice a la posición de su boca con un suave ssshhh-. Dos pueden guardar un secreto... ¡si uno de ellos está muerto!
Finalmente, empezó a ejercer más presión con el pie sobre la garganta de Wilson, crujiendo su cuello. Sin embargo, cuando la muerte era inminente, decidió retirar el pie y atravesar su garganta con el cuchillo, acompañado de un aullido de victoria. Tan fuerte fue que consiguió atravesar el suelo.
Después, cuando hubo terminado su obra, se marchó.
La tranquilidad de Pueblo Laguna acabó esa misma noche con mi majestuosa obra de arte.
Lyn Wilson era la chica más popular del pueblo. ¿Y cómo consiguió ser la reina?
Haciendo cosas muy, muy malas.
Si algo caracteriza a Pueblo Laguna es la gran capacidad que tiene para guardar los oscuros secretos de la gente. Todos han hecho cosas horribles. ¿Y sabéis quién lo sabe todo? Yo.
La tranquilidad de Pueblo Laguna acabó esa misma noche con mi majestuosa obra de arte.
Lyn Wilson era la chica más popular del pueblo. ¿Y cómo consiguió ser la reina?
Haciendo cosas muy, muy malas.
Si algo caracteriza a Pueblo Laguna es la gran capacidad que tiene para guardar los oscuros secretos de la gente. Todos han hecho cosas horribles. ¿Y sabéis quién lo sabe todo? Yo.
Es hora de que empiece la cacería salvaje.
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