Las campanas de la iglesia resonaron por todo el pueblo. Las calles se habían vaciado por completo y la muchedumbre se había reunido allí para despedirse de una de las personas más carismáticas del pueblo. Cada minuto que pasaba, más gente entraba en el edificio vestida de negro; no obstante, ninguno lloraba por la pérdida.
Habían pasado tres semanas desde el brutal asesinado de Lyn Wilson, la adolescente más popular de Pueblo Laguna. Ahora ya solo quedaba su recuerdo y sus cenizas, encerradas en una urna sobre un atril, a la izquierda de un gran cuadro con su foto, sonriendo.
Varios bancos más adelante se habían reunido sus amigos: Anna, Rebecca, Lydia, Jackson, Tyler, Mike, Clary y David. Ninguno dijo nada desde entonces, y no se habían visto en todo ese tiempo, asimilando la muerte de la líder del grupo. Finalmente, Lydia habló:
-¿Cómo estáis...?
Se produjo un silencio. Solo Jackson fue capaz de respirar hondo y responder:
-La pregunta es: ¿cómo debemos estar?
-Lyn ha muerto... ¿es que no os preocupa? -quiso saber Clary- La han asesinado a sangre fría...
-Simplemente no termino de asimilarlo -respondió Mike-. ¿Tú qué tal estás, cariño?
Pero no obtuvo respuesta. Becca, su novia, solo miraba a la urna de cenizas.
-Sin duda, su muerte... no se va a olvidar -añadió Anna. Pero David formuló una pregunta más interesante:
-¿Cómo será ahora Pueblo Laguna sin ella?
A lo que Tyler respondió con un tono duro:
-Más tranquilo.
Y después, las puertas se cerraron cuando las últimas personas entraron a la iglesia. Eran la familia de Lyn: sus padres, Eva y Ryan Wilson, y su hermano mayor, Evan Wilson.
-Chicos, ¡mirad! -hizo notar Clary.
Por la puerta, antes de que se cerraran, entró una última persona: Collin Hall. Era un hombre alto y corpulento, con cicatrices en la cara y tatuajes en el cuello.
Furioso, David dijo:
-¿Qué hace ese capullo aquí?
-Creí que estaba en la cárcel -opinó Anna.
-¿Por qué Eva y Ryan le dejan quedarse? -preguntó Mike.
-Eva le ha dejado entrar -respondió Rebecca, siendo lo único que dijo desde que entraron.
-Su condena acabó hace un mes y medio. Supongo que tendremos que acostumbrarnos a verle caminar de nuevo por las calles del pueblo.
Y finalmente, dio comienzo la ceremonia.
Cuando hubo terminado, los pueblerinos salieron del edificio dando el pésame a la familia Wislon y marchándose después a sus casas. Los ocho amigos pasaron por la puerta y se quedaron contemplando las calles de Pueblo Laguna.
-Siento que falta algo. Como si estuvieran vacías -dijo Clary.
-Es difícil pensar que ya no se la va a ver más caminar por Pueblo Laguna... -lamentó Mike.
En ese momento, Collin Hall salió de la iglesia y pasó por el lado de los jóvenes, no sin antes haberles echado una maliciosa mirada llena de odio y rencor. No obstante, después de haberse retados con los ojos, lo obviaron.
-Yo me siento con total libertad -expresó Tyler-. Incluso muerta, Lyn ha conseguido ser la protagonista.
-Vete a la mierda, Tyler. Iré a hablar con su familia -y entonces, Lydia se separó y dejó a sus amigos hablando a cerca de la popularidad de Lyn.
Esperó mientras tanto a que una amable anciana consolara a Evan, intentando no interrumpir. Así, cuando se hubo marchado, se acercó cabizbaja.
-Hola, querida -saludó Eva Wilson con los ojos rojos y el corazón roto.
-Hola, señora Wilson. Señor Wilson..., Evan -él le saludó con la cabeza-. Siento mucho la pérdida de Lyn. Ella era una gran chica, y Pueblo Laguna lo recordará.
-Gracias, Lydia -agradeció el hermano de Lyn-. Supongo que ahora estará en el mejor lugar junto a Dios.
-Desde luego que sí, de eso estoy segura. Una chica como ella se merece el mejor trono allí donde esté.
-Esta noche -informó el señor Wilson- vamos a hacer un homenaje a Lyn en la plaza del pueblo. ¿Podrías... decir unas palabras? Eras su mejor amiga y..., la que más la conocía.
Sin apenas pensarlo, respondió:
-Es un honor.
Y de esa manera, Lydia se despidió de los Wilson y caminó de nuevo hacia sus amigos. Seguían hablando de Lyn, de lo que había marcado a Pueblo Laguna y de cómo vivirían ahora los habitantes sin ella.
-Chicos, en unas horas van a homenajear a Lyn en la plaza. Deberíamos de ir todos, ¿no creéis?
-Desde luego que iréis -respondió por ellos una voz desconocida. Cuando se giraron, vieron a un hombre alto y delgado, con el pelo negro y los ojos azules. De tez pálida y mandíbula delgada-. Detective Gumbert, del cuerpo del condado. Vosotros eráis los amigos de Lyn Wilson, ¿no es así?
-Sí. Sí, claro que lo éramos -respondió Becca.
-Solo algunos -rebatió Tyler. Gumbert le miró con unos ojos fríos.
-En ese caso, me gustaría haceros unas preguntas a cerca de la víctima.
Frente aquello, Clary salió de entre los demás y dijo:
-Ya hablamos con la policía el día después de su muerte.
-Lo sé -admitió el detective-. Pero tras analizar vuestras declaraciones, he decretado que ninguna de ellas es verídica. No coinciden entre vosotros.
-¡Eso es absurdo! -estalló Mike- Dijimos todo lo que sabíamos.
-Se trata de un asesinato. Y pienso descubrir qué fue lo que ocurrió esa noche.
Entonces, el detective Gumbert se marchó.
Por la noche, como se había acordado, montaron un pequeño escenario en la plaza de Pueblo Laguna para dar un homenaje a la víctima, con una pantalla sobre la que se proyectaba una imagen de Lyn. Lydia, con sus siete amigos detrás, se preparó un discurso para relatar llegado el momento y estaba nerviosa.
-Estás temblando -advirtió Anna-. Tranquilízate, seguro que lo vas a hacer muy bien. De todos nosotros, tú eras su mejor amiga.
-Sí, pero... ¿y si digo algo que pueda ofender a sus padres? ¿O a Evan?
-No lo harás -animó Clary-. Vas a hacerlo muy bien.
Sonrió a su amiga y siguió escribiendo como pudo sobre el papel. Pero entonces, sin tenerlo previsto, recibió un mensaje en el móvil, que rompió el silencio de la noche. Avergonzada, lo puso en silencio y luego leyó el mensaje:
Habían pasado tres semanas desde el brutal asesinado de Lyn Wilson, la adolescente más popular de Pueblo Laguna. Ahora ya solo quedaba su recuerdo y sus cenizas, encerradas en una urna sobre un atril, a la izquierda de un gran cuadro con su foto, sonriendo.
Varios bancos más adelante se habían reunido sus amigos: Anna, Rebecca, Lydia, Jackson, Tyler, Mike, Clary y David. Ninguno dijo nada desde entonces, y no se habían visto en todo ese tiempo, asimilando la muerte de la líder del grupo. Finalmente, Lydia habló:
-¿Cómo estáis...?
Se produjo un silencio. Solo Jackson fue capaz de respirar hondo y responder:
-La pregunta es: ¿cómo debemos estar?
-Lyn ha muerto... ¿es que no os preocupa? -quiso saber Clary- La han asesinado a sangre fría...
-Simplemente no termino de asimilarlo -respondió Mike-. ¿Tú qué tal estás, cariño?
Pero no obtuvo respuesta. Becca, su novia, solo miraba a la urna de cenizas.
-Sin duda, su muerte... no se va a olvidar -añadió Anna. Pero David formuló una pregunta más interesante:
-¿Cómo será ahora Pueblo Laguna sin ella?
A lo que Tyler respondió con un tono duro:
-Más tranquilo.
Y después, las puertas se cerraron cuando las últimas personas entraron a la iglesia. Eran la familia de Lyn: sus padres, Eva y Ryan Wilson, y su hermano mayor, Evan Wilson.
-Chicos, ¡mirad! -hizo notar Clary.
Por la puerta, antes de que se cerraran, entró una última persona: Collin Hall. Era un hombre alto y corpulento, con cicatrices en la cara y tatuajes en el cuello.
Furioso, David dijo:
-¿Qué hace ese capullo aquí?
-Creí que estaba en la cárcel -opinó Anna.
-¿Por qué Eva y Ryan le dejan quedarse? -preguntó Mike.
-Eva le ha dejado entrar -respondió Rebecca, siendo lo único que dijo desde que entraron.
-Su condena acabó hace un mes y medio. Supongo que tendremos que acostumbrarnos a verle caminar de nuevo por las calles del pueblo.
Y finalmente, dio comienzo la ceremonia.
Cuando hubo terminado, los pueblerinos salieron del edificio dando el pésame a la familia Wislon y marchándose después a sus casas. Los ocho amigos pasaron por la puerta y se quedaron contemplando las calles de Pueblo Laguna.
-Siento que falta algo. Como si estuvieran vacías -dijo Clary.
-Es difícil pensar que ya no se la va a ver más caminar por Pueblo Laguna... -lamentó Mike.
En ese momento, Collin Hall salió de la iglesia y pasó por el lado de los jóvenes, no sin antes haberles echado una maliciosa mirada llena de odio y rencor. No obstante, después de haberse retados con los ojos, lo obviaron.
-Yo me siento con total libertad -expresó Tyler-. Incluso muerta, Lyn ha conseguido ser la protagonista.
-Vete a la mierda, Tyler. Iré a hablar con su familia -y entonces, Lydia se separó y dejó a sus amigos hablando a cerca de la popularidad de Lyn.
Esperó mientras tanto a que una amable anciana consolara a Evan, intentando no interrumpir. Así, cuando se hubo marchado, se acercó cabizbaja.
-Hola, querida -saludó Eva Wilson con los ojos rojos y el corazón roto.
-Hola, señora Wilson. Señor Wilson..., Evan -él le saludó con la cabeza-. Siento mucho la pérdida de Lyn. Ella era una gran chica, y Pueblo Laguna lo recordará.
-Gracias, Lydia -agradeció el hermano de Lyn-. Supongo que ahora estará en el mejor lugar junto a Dios.
-Desde luego que sí, de eso estoy segura. Una chica como ella se merece el mejor trono allí donde esté.
-Esta noche -informó el señor Wilson- vamos a hacer un homenaje a Lyn en la plaza del pueblo. ¿Podrías... decir unas palabras? Eras su mejor amiga y..., la que más la conocía.
Sin apenas pensarlo, respondió:
-Es un honor.
Y de esa manera, Lydia se despidió de los Wilson y caminó de nuevo hacia sus amigos. Seguían hablando de Lyn, de lo que había marcado a Pueblo Laguna y de cómo vivirían ahora los habitantes sin ella.
-Chicos, en unas horas van a homenajear a Lyn en la plaza. Deberíamos de ir todos, ¿no creéis?
-Desde luego que iréis -respondió por ellos una voz desconocida. Cuando se giraron, vieron a un hombre alto y delgado, con el pelo negro y los ojos azules. De tez pálida y mandíbula delgada-. Detective Gumbert, del cuerpo del condado. Vosotros eráis los amigos de Lyn Wilson, ¿no es así?
-Sí. Sí, claro que lo éramos -respondió Becca.
-Solo algunos -rebatió Tyler. Gumbert le miró con unos ojos fríos.
-En ese caso, me gustaría haceros unas preguntas a cerca de la víctima.
Frente aquello, Clary salió de entre los demás y dijo:
-Ya hablamos con la policía el día después de su muerte.
-Lo sé -admitió el detective-. Pero tras analizar vuestras declaraciones, he decretado que ninguna de ellas es verídica. No coinciden entre vosotros.
-¡Eso es absurdo! -estalló Mike- Dijimos todo lo que sabíamos.
-Se trata de un asesinato. Y pienso descubrir qué fue lo que ocurrió esa noche.
Entonces, el detective Gumbert se marchó.
Por la noche, como se había acordado, montaron un pequeño escenario en la plaza de Pueblo Laguna para dar un homenaje a la víctima, con una pantalla sobre la que se proyectaba una imagen de Lyn. Lydia, con sus siete amigos detrás, se preparó un discurso para relatar llegado el momento y estaba nerviosa.
-Estás temblando -advirtió Anna-. Tranquilízate, seguro que lo vas a hacer muy bien. De todos nosotros, tú eras su mejor amiga.
-Sí, pero... ¿y si digo algo que pueda ofender a sus padres? ¿O a Evan?
-No lo harás -animó Clary-. Vas a hacerlo muy bien.
Sonrió a su amiga y siguió escribiendo como pudo sobre el papel. Pero entonces, sin tenerlo previsto, recibió un mensaje en el móvil, que rompió el silencio de la noche. Avergonzada, lo puso en silencio y luego leyó el mensaje:
Fuiste la mejor amiga de la puta.
Conocías todos sus secretos.
¿También vas a hablar de ellos?
Cuéntamelos a mí.
-¿Quién es? -quiso saber Jackson.
-Un gilipollas -respondió furiosa. Apagó el móvil.
En ese momento, el señor Wilson terminó de hablar y advirtió le presencia de Lydia y de su discurso. De esa manera, ella se abrió paso entre la multitud para subir al escenario. Sin embargo, a mitad de camino, una música de rock empezó a estallar por los altavoces de Pueblo Laguna, tan fuerte que todos los asistentes tuvieron que taparse los oídos. Pero aún así, la letra de la canción se escuchaba con facilidad, y era:
La puta ha muerto,
la puerta ha muerto,
aquí estoy yo.
HE VUELTO
Y LA PUTA HA MUERTO.
Además, al compás de la música, la imagen proyectada empezó a quemarse y, en su lugar, apareció una foto de Lyn estirada en el suelo desnuda, con un charco de sangre bajo ella, sin lengua, una sonrisa de sangre en el cuello y los ojos perdidos.
La gente empezó a gritar, presa del pánico y asustada del horror de la situación. No obstante, aquello no había acabado, pues tras la imagen resultó ser un vídeo, ya que ésta se movió y enfocó a una figura negra sin rostro que posicionaba su dedo índice en donde debería de tener la boca.
Finalmente, los altavoces del pueblo explotaron junto con la ceremonia.
Los pueblerinos se quedaron asombrados, horrorizados y asustados, sin saber qué decir o qué pensar. Únicamente se escuchó, en pleno silencio de la noche, siete móviles sonar.
Desde su posición, Lydia observó que los móviles eran de sus amigos, y, por inercia, decidió comprobar el suyo: había recibido otro mensaje.
Ahora seré yo quien os
quite la máscara.
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