Al día siguiente en Pueblo Laguna, los ocho amigos se habían reunido en La Cerveza del Ciego, el lugar de encuentro para todos los habitantes. Mientras deleitaban alguna exquisita bebida, los jóvenes no pararon de preguntarse qué fue exactamente lo que ocurrió ayer.
-Debe de ser alguna broma -opinó Jackson.
-Yo no lo creo -rebatió Tyler-. Decidme: ¿cuántos enemigos tenía Lyn?
Se produjo un silencio.
-La respuesta es clara: casi tantos como nuestros vecinos. Como el pueblo entero.
-Pero ¿tantos como para arruinar su homenaje? -quiso saber Clary.
-¿Creéis que fue la misma persona que la asesinó? -preguntó David.
Nadie supo responderle.
-Mike -llamó Lydia-, tu padre trabaja en la comisaría. ¿Crees que podrías conseguir información a cerca de quién saboteó el homenaje?
-Sí, tal vez lograra averiguar algo.
-¿Te refieres a la misma persona que nos envió el mensaje?
-Eso debió de ser una broma, Anna -contestó Rebecca.
-No, no lo fue -intervino Lydia-. Antes de salir a dar el discurso, mientras apuntaba las cosas que iba a decir a cerca de Lyn..., recibí uno.
-¿Era el mismo que el nuestro?
-No -contestó.
-¿Y qué decía? -se impacientó Clary.
Lydia, tras varios segundos de silencio observando a sus amigos, decidió sacar el móvil y mostrarles el texto que alguien le envió.
-Fuiste la mejor amiga de la puta. Conocías todos sus secretos. ¿También vas a hablar de ellos? Cuéntamelos a mí -leyó Tyler-. Este tío es un genio.
-No sé qué es lo que te hace tanta gracia. Tú también recibiste ese mensaje.
-¿Qué máscara me va a quitar a mí? A lo mejor soy yo quien lo hace...
-Mirad -dijo Lydia-: firma de la misma manera en los mensajes. En ellos aparece al final una sombra. ¿Qué creéis que puede significar?
-Tal vez lo sabremos si nos cuentas qué es lo que conocías de Lyn -dijo David.
-¿Cuáles son esos secretos, Lydia? -preguntó Mike- ¿Hay algo que debamos saber...?
Pero ella solo supo agachar la cabeza, culpable de ser la única que poseía información relevante.
Lydia y Lyn fueron las primeras en conocerse, cuando ambas tenían doce años. Con el paso del tiempo, cuando tenían diecisiete, el grupo de amigos fue aumentando hasta fijarse en el círculo actual. Sin embargo, ella era la confidente de su amiga, y conocía todos y cada uno de los movimientos que hacia Lyn. Incluso los más oscuros. Todas las cosas malas que había hecho...
-Yo no...
En seguida su móvil vibró entre las manos.
Entonces se le vino a la mente las vagas imágenes que tuvo de la noche del asesinato de Lyn.
Estaba recorriendo la calle con Evan, ebrio, hablando con la lengua dormida y agarrado a su amigo, que le ayudaba a caminar como podía, intentando no dejarle caer.
-Menuda fiesta la del embarcadero, ¿verdad, Evan? -balbuceó. Luego se rió.
-Sí, sobretodo para ti.
-Y esa niña... qué buena estaba... ¿cómo se llamaba?
-¿Rebecca, tu novia?
-No, ella no...
-¿Cómo que no?
Mike soltó una carcajada cuando llegaron a la casa de Evan.
-La zorra de tu hermano lo sabe... nos pilló cuando estaba a punto de...
-¿De qué estás hablando?
-Yo no quiero a Becca, estúpido, yo quiero a -hipó- todas las chicas -volvió a reirse-. En especial a Lydia...; es tan guapa...
-¿Estás engañando a Becca? ¡Con Lydia!
-Sí, pero... ssshhh. No se lo cuentes a nadie. Ese es el trabajo de tu hermana.
-Creo que estás muy borracho. Te acompañaré a casa.
Pero Mike se soltó del hombro de Evan y gritó:
-¿¡Me oyes, zorra!? ¡No eres la única que tiene el poder aquí! ¡Tú también me follaste! ¡Habla y te cortaré la lengua, puta!
-¡MIKE!
Y cuando quiso agarrarlo, vomitó en el jardín de la casa de los Wilson.
-Vámonos. Ahora.
Cuando volvió a la realidad, Mike se dio cuenta de que allí había alguien más observándolo: Collin Hall, sentado en la sala de espera y mirándole con sus ojos penetrantes. Instintivamente, salió de la comisaría y se dirigió a su casa, ¿dónde estaría a salvo?
Becca introdujo las llaves en el pomo de la puerta y entró a su acalorada casa. Al hacerlo, pisó unos cuantos sobres, algunos más densos que otros, y se dio cuenta de que había llegado el correo de la tarde, justo cuando el sol estaba a punto de ocultarse.
Facturas, publicidad, periódico... entonces encontró lo que estaba esperando desde hace tres semanas: un sobre de color amarillo, sin remitente y con una S firmada en la esquina. Ella, con una sonrisa de oreja a oreja, se guardó aquello en su bolso y de él sacó su teléfono.
-Debe de ser alguna broma -opinó Jackson.
-Yo no lo creo -rebatió Tyler-. Decidme: ¿cuántos enemigos tenía Lyn?
Se produjo un silencio.
-La respuesta es clara: casi tantos como nuestros vecinos. Como el pueblo entero.
-Pero ¿tantos como para arruinar su homenaje? -quiso saber Clary.
-¿Creéis que fue la misma persona que la asesinó? -preguntó David.
Nadie supo responderle.
-Mike -llamó Lydia-, tu padre trabaja en la comisaría. ¿Crees que podrías conseguir información a cerca de quién saboteó el homenaje?
-Sí, tal vez lograra averiguar algo.
-¿Te refieres a la misma persona que nos envió el mensaje?
-Eso debió de ser una broma, Anna -contestó Rebecca.
-No, no lo fue -intervino Lydia-. Antes de salir a dar el discurso, mientras apuntaba las cosas que iba a decir a cerca de Lyn..., recibí uno.
-¿Era el mismo que el nuestro?
-No -contestó.
-¿Y qué decía? -se impacientó Clary.
Lydia, tras varios segundos de silencio observando a sus amigos, decidió sacar el móvil y mostrarles el texto que alguien le envió.
-Fuiste la mejor amiga de la puta. Conocías todos sus secretos. ¿También vas a hablar de ellos? Cuéntamelos a mí -leyó Tyler-. Este tío es un genio.
-No sé qué es lo que te hace tanta gracia. Tú también recibiste ese mensaje.
-¿Qué máscara me va a quitar a mí? A lo mejor soy yo quien lo hace...
-Mirad -dijo Lydia-: firma de la misma manera en los mensajes. En ellos aparece al final una sombra. ¿Qué creéis que puede significar?
-Tal vez lo sabremos si nos cuentas qué es lo que conocías de Lyn -dijo David.
-¿Cuáles son esos secretos, Lydia? -preguntó Mike- ¿Hay algo que debamos saber...?
Pero ella solo supo agachar la cabeza, culpable de ser la única que poseía información relevante.
Lydia y Lyn fueron las primeras en conocerse, cuando ambas tenían doce años. Con el paso del tiempo, cuando tenían diecisiete, el grupo de amigos fue aumentando hasta fijarse en el círculo actual. Sin embargo, ella era la confidente de su amiga, y conocía todos y cada uno de los movimientos que hacia Lyn. Incluso los más oscuros. Todas las cosas malas que había hecho...
-Yo no...
En seguida su móvil vibró entre las manos.
Recuerda:
perra que ladra,
perra que muere.
-¿Quién es?
-No es nadie, Rebecca.
-¿No es Sombra? -preguntó Tyler.
-¿Sombra?
-Ya que firma con un escupitajo, tendremos que referirnos a este cabrón así. ¿Es o no es él?
Tras un silencio, Lydia dijo:
-¿Y qué importa?
-Porque tal vez pueda rastrear la señal del mensaje hasta llegar al autor. Además, no está bien esconder secretos. Ya ves lo que le pasó a Lyn...
Ella abrió la boca para contestar, pero en ese momento apareció Evan por la puerta del local, buscando con la mirada al grupo de amigos.
-Tengo que hablar contigo -le dijo a Lydia-. Urgentemente.
Ella y Wilson se reunieron en el jardín trasero del local, lejos de la vista de los posibles pueblerinos acechando.
-¿Qué fue lo que ocurrió ayer?
-No lo sé -respondió ella-. Supongo que alguien no quería que recordásemos a Lyn...
Él entonces se sacó un papel en el que había apuntado un nombre.
-¿Te suena de algo?
-No, para nada. No sé quién es Norsill Nowue. ¿Por qué?
-La noche en que... bueno. La policía encontró diez dedos, y en cada uno había un grabado. Si los juntas, forman ese nombre, pero no me imagino quién es o qué puede significar.
-¿Crees que Lyn lo conocía?
-Por eso te pregunto -pausó-. Sé que... no era popular por tratar bien a la gente, pero... pensé que a lo mejor tú podías saber algo. Eras su mejor amiga.
Tras decir aquello recordó el último mensaje que había recibido de Sombra. No podía hablar. No podía decir nada a nadie. Pero lo que más aterraba a la joven era: ¿qué sabía ella que no debía contar? Entendió que ella poseía información a cerca del caso, algo relevante que podría desenmascararle, pero ¿el qué? Había tantas posibilidades, tantas personas...
-No. Lo siento, Evan. Pero intentaré descubrir algo.
Lydia se acercó a él y le abrazó por el cuello. Después, se dio media vuelta y se marchó.
Bip bip.
-¿Qué fue lo que ocurrió ayer?
-No lo sé -respondió ella-. Supongo que alguien no quería que recordásemos a Lyn...
Él entonces se sacó un papel en el que había apuntado un nombre.
-¿Te suena de algo?
-No, para nada. No sé quién es Norsill Nowue. ¿Por qué?
-La noche en que... bueno. La policía encontró diez dedos, y en cada uno había un grabado. Si los juntas, forman ese nombre, pero no me imagino quién es o qué puede significar.
-¿Crees que Lyn lo conocía?
-Por eso te pregunto -pausó-. Sé que... no era popular por tratar bien a la gente, pero... pensé que a lo mejor tú podías saber algo. Eras su mejor amiga.
Tras decir aquello recordó el último mensaje que había recibido de Sombra. No podía hablar. No podía decir nada a nadie. Pero lo que más aterraba a la joven era: ¿qué sabía ella que no debía contar? Entendió que ella poseía información a cerca del caso, algo relevante que podría desenmascararle, pero ¿el qué? Había tantas posibilidades, tantas personas...
-No. Lo siento, Evan. Pero intentaré descubrir algo.
Lydia se acercó a él y le abrazó por el cuello. Después, se dio media vuelta y se marchó.
Bip bip.
¿Quieres saber quién soy?
Pronto lo sabrás.
Cuando llegó a la comisaría, Mike fue recibido por su padre de buen grado.
-Hola, hijo, ¿qué haces aquí?
-Ho... hola, papá -saludó-. Andaba buscando... Oye, ¿no es tu coche el que está con la rueda pinchada?
Tras decir esto, su padre salió corriendo del centro en busca de su supuesto coche averiado, por lo que Mike aprovechó para entrar a su despacho, a la derecha del pasillo izquierdo. Echó todas las cortinas y comenzó a buscar los archivos del Caso Lyn, rebosantes de papeles, fotografías de la casa de los Wilson y declaraciones. Entre sus papeles encontró imágenes de su grupo de amigos, de Becca y él caminando de la mano por las calles del pueblo o de Tyler haciendo cualquier incidencia. Sin embargo..., también había papeles con respecto a Collin Hall, con el mismo semblante en el rostro y la misma cara de indiferencia frente a la sociedad.
Con el tiempo en los talones, decidió fotografiar los documentos con respecto a Hall y las declaraciones. Inmediatamente, cuando escuchó la voz de su padre recorrer el pasillo, salió del despacho.
-¿Adónde vas, joven?
Al salir se había chocado con el cuerpo del detective Gumbert.
-Estaba buscando... mi reloj. Lo había perdido.
-¿Y lo has encontrado? -preguntó en un tono amenazante.
-No. No lo he encontrado.
En ese momento apareció su padre.
-¿Ocurre algo?
-Nada. Solo quería asegurarme de que su hijo acudirá a revisar las declaraciones. No queremos que nadie más sea asesinado en Pueblo Laguna, ¿verdad?
Sonrió y se marchó.
-Ho... hola, papá -saludó-. Andaba buscando... Oye, ¿no es tu coche el que está con la rueda pinchada?
Tras decir esto, su padre salió corriendo del centro en busca de su supuesto coche averiado, por lo que Mike aprovechó para entrar a su despacho, a la derecha del pasillo izquierdo. Echó todas las cortinas y comenzó a buscar los archivos del Caso Lyn, rebosantes de papeles, fotografías de la casa de los Wilson y declaraciones. Entre sus papeles encontró imágenes de su grupo de amigos, de Becca y él caminando de la mano por las calles del pueblo o de Tyler haciendo cualquier incidencia. Sin embargo..., también había papeles con respecto a Collin Hall, con el mismo semblante en el rostro y la misma cara de indiferencia frente a la sociedad.
Con el tiempo en los talones, decidió fotografiar los documentos con respecto a Hall y las declaraciones. Inmediatamente, cuando escuchó la voz de su padre recorrer el pasillo, salió del despacho.
-¿Adónde vas, joven?
Al salir se había chocado con el cuerpo del detective Gumbert.
-Estaba buscando... mi reloj. Lo había perdido.
-¿Y lo has encontrado? -preguntó en un tono amenazante.
-No. No lo he encontrado.
En ese momento apareció su padre.
-¿Ocurre algo?
-Nada. Solo quería asegurarme de que su hijo acudirá a revisar las declaraciones. No queremos que nadie más sea asesinado en Pueblo Laguna, ¿verdad?
Sonrió y se marchó.
Estás metido en un buen lío.
Ya sabes que no está bien mentir.
¿Recuerdas dónde estuviste esa noche?
Entonces se le vino a la mente las vagas imágenes que tuvo de la noche del asesinato de Lyn.
Estaba recorriendo la calle con Evan, ebrio, hablando con la lengua dormida y agarrado a su amigo, que le ayudaba a caminar como podía, intentando no dejarle caer.
-Menuda fiesta la del embarcadero, ¿verdad, Evan? -balbuceó. Luego se rió.
-Sí, sobretodo para ti.
-Y esa niña... qué buena estaba... ¿cómo se llamaba?
-¿Rebecca, tu novia?
-No, ella no...
-¿Cómo que no?
Mike soltó una carcajada cuando llegaron a la casa de Evan.
-La zorra de tu hermano lo sabe... nos pilló cuando estaba a punto de...
-¿De qué estás hablando?
-Yo no quiero a Becca, estúpido, yo quiero a -hipó- todas las chicas -volvió a reirse-. En especial a Lydia...; es tan guapa...
-¿Estás engañando a Becca? ¡Con Lydia!
-Sí, pero... ssshhh. No se lo cuentes a nadie. Ese es el trabajo de tu hermana.
-Creo que estás muy borracho. Te acompañaré a casa.
Pero Mike se soltó del hombro de Evan y gritó:
-¿¡Me oyes, zorra!? ¡No eres la única que tiene el poder aquí! ¡Tú también me follaste! ¡Habla y te cortaré la lengua, puta!
-¡MIKE!
Y cuando quiso agarrarlo, vomitó en el jardín de la casa de los Wilson.
-Vámonos. Ahora.
Cuando volvió a la realidad, Mike se dio cuenta de que allí había alguien más observándolo: Collin Hall, sentado en la sala de espera y mirándole con sus ojos penetrantes. Instintivamente, salió de la comisaría y se dirigió a su casa, ¿dónde estaría a salvo?
Becca introdujo las llaves en el pomo de la puerta y entró a su acalorada casa. Al hacerlo, pisó unos cuantos sobres, algunos más densos que otros, y se dio cuenta de que había llegado el correo de la tarde, justo cuando el sol estaba a punto de ocultarse.
Facturas, publicidad, periódico... entonces encontró lo que estaba esperando desde hace tres semanas: un sobre de color amarillo, sin remitente y con una S firmada en la esquina. Ella, con una sonrisa de oreja a oreja, se guardó aquello en su bolso y de él sacó su teléfono.
Ahora seré yo quien os
quite la máscara.
Gracias.
Luego escribió ella:
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